Mientras llegan la soluciones, los rellenos deben seguir operando para la disposición adecuada de los residuos.

Nuestra memoria es frágil y hace a penas 10 años la realidad era diametralmente opuesta a hoy, faltando mucho por hacer. Hace una década nos enfrentábamos a una crisis ambiental por la deficiente disposición final de residuos, con honrosas excepciones, con una cantidad desechada en botaderos a cielo abierto, quemada en campos o arrojada a los cuerpos de agua. A los responsables, no les pasaba nada. Ante esto, los últimos gobiernos decidieron dar una lucha para cambiar la situación.

Según datos de la Superservicios, a 2010, únicamente el 43% de los municipios del país disponían adecuadamente; en 2018, el porcentaje era 97,8%, con cerca de 11 millones de toneladas anuales. Los rellenos sanitarios con gestión técnica han sido una solución costo-eficiente cumpliendo los requerimientos de las autoridades ambientales y son la tecnología de referencia para este propósito.

El sector empresarial no ha sido inferior a su compromiso al promover, tecnificar e invertir en sistemas adecuados. Esta transformación se ve en el relleno sanitario Los Pocitos, de la Triple A de Barranquilla, referente internacional en diseño y operación, aprovechando el biogás producido por los residuos y utilizando para riego el agua del tratamiento de los lixiviados. Emvarias del Grupo EPM con el relleno La Pradera tiene tecnología de ultrafiltración para tratar los lixiviados y procesos controlados de quema de biogás para reducir emisiones de gases efecto invernadero y monitoreando la flora y fauna del área. Se destacan los Parques Tecnológicos Ambientales de Veolia, en Buga, Cúcuta, Manizales y Pasto, aprovechando el biogás y con la biodiversidad como indicador especial; también se resaltan los rellenos operados por Interaseo y Promoambiental.

La economía circular impone una transformación de esta tecnología, haciendo necesario su complemento y progresiva migración con centros de aprovechamiento, tratamiento y valorización, integrando alternativas en la gestión de residuos, mas aún cuando siendo Ministro de Vivienda en 2017, expedimos el Decreto 1784 que eliminó varias barreras y limitaciones.

Aunque existen experiencias que toman tiempo y recursos, como la producción de energía incinerando los residuos en San Andrés y el tratamiento para producción de compost en el relleno de Biorgánicos del Sur del Huila, es indispensable tener incentivos para el cierre financiero de proyectos, además de contar con volúmenes de material debidamente separados.

Es común oír voces que exigen el cierre inmediato de los rellenos por sus impactos, sin proponer una solución viable. Recordemos que esta tecnología los mitiga hasta el máximo posible y que el tránsito hacia otras alternativas debe ser progresivo. Sin los incentivos adecuados y aportes estatales, la tarifa incrementaría, generando rechazo en la población. Incorporar los costos ambientales necesarios implica su inclusión en las tarifas. Por eso, atendiendo la realidad del país y mientras se tienen soluciones económicamente posibles, los rellenos continuarán operando para garantizar la disposición adecuada de los residuos, sin crear caos generalizado.

Nada más grave que caer en populismos y radicalismos con propuestas maravillosas pero irrealizables en el corto plazo. No por mucho madrugar amanece más temprano.

Camilo Sánchez Ortega
Presidente de Andesco

Tomado de Portafolio