En próxima cumbre climática de las UN, líderes deberán mostrar mayor ambición en su lucha.

Huelga del ClimaLos jóvenes en París se sumaron a las multitudinarias marchas de estudiantes en todo el mundo con el fin de exigir acciones concretas para enfrentar la crisis climática. Foto: Ian Langsdon / EFE

22 de septiembre 2019 , 02:18 a.m.

Cuando se producen emergencias, se activan procesos especiales dentro de los gobiernos y las comunidades, y todos dan un paso al frente para ayudar. El mundo está ahora en una emergencia climática.

En la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas en Nueva York mañana, 23 de septiembre, los líderes de gobierno, de las finanzas, de los negocios y de la sociedad civil deben mostrar una ambición mucho mayor en la lucha contra el calentamiento global de lo que han hecho hasta ahora.

Los científicos nos han advertido sobre los puntos de inflexión climáticos; sin embargo, estamos comenzando a pasar por encima de ellos como si estuviéramos mirando los postes de las señales de tránsito a través de la ventana de un tren. El Ártico está en llamas, las sequías son más feroces, las estaciones de siembra se ven interrumpidas y las emisiones de gases de efecto invernadero están aumentando.

Es cierto que el mundo está respondiendo a la crisis. Cada día, los nuevos avances en el transporte, la industria, la energía, la agricultura y el uso de la tierra muestran que podemos dejar de usar carbono. El sector financiero también está despertando al riesgo climático y su responsabilidad de abordarlo.

Los grandes inversionistas en la iniciativa Climate Action 100+, por ejemplo, están haciendo preguntas más difíciles y puntuales a las compañías en sus carteras.

La agencia de calificación crediticia Moody’s ha adquirido empresas cuyos modelos detallados pronostican riesgos físicos para los activos en varios escenarios climáticos. Y un número creciente de bancos centrales están abordando las implicaciones de perseguir los objetivos del Acuerdo climático de París 2015.

Huelga por el clima
Decenas de miles de personas en Asia, África, Europa y América manifestaron para exigir medidas frente al cambio climático bajo un movimiento global respaldado por Greta Thunberg. Foto: AFP

Pero, como ha dicho repetidamente el secretario general de la ONU, António Guterres, la respuesta global actual es insuficiente. Cuando Guterres convocó por primera vez la próxima cumbre climática en la primavera de 2017, el temor era que la atención del mundo al tema podría flaquear, y que el liderazgo político nacional apático no sería rival para consecuencias climáticas cada vez más severas.

Desde entonces, la cumbre ha adquirido una importancia aún mayor. Un informe publicado en octubre de 2018 por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU concluyó que el mundo tenía 12 años para cambiar la trayectoria de las emisiones de dióxido de carbono a fin de limitar el calentamiento global este siglo a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales: un objetivo del Acuerdo de París.

La sociedad civil, y los jóvenes en particular, exige respuestas y mayores esfuerzos para cumplir con este objetivo. Por lo tanto, Guterres ha pedido explícitamente a los líderes gubernamentales que asistan a la cumbre con planes concretos, no discursos vacíos. Ha arrojado el guante a las principales economías del mundo: cuéntennos cuándo eliminarán el carbón, terminarán con los subsidios dañinos para los combustibles fósiles y cambiarán los impuestos de los ingresos a la contaminación. Esas son las decisiones que impulsarán la transformación que el mundo necesita.

En el centro de esta transformación se encuentra la transición energética, que, aunque está en curso, está retrasada o se ha estancado en muchas partes del mundo. Es fundamental un esfuerzo más ambicioso de los proveedores de energía y los principales usuarios finales, al igual que extender servicios de energía limpia asequibles y confiables a todos los que los necesitan. También debe haber una reforma importante de cómo se financia la transición.

Es alentadora la probabilidad de que la cumbre del 23 de septiembre destaque ese aumento de la ambición de varias maneras.

Para empezar, está surgiendo un nuevo club de pioneros que muestran cómo mejorar la eficiencia energética es, a menudo, la forma más rentable de reducir las emisiones de CO2 y ayudar a salvaguardar la calidad del aire. Al mejorar más rápidamente la eficiencia energética para abordar el cambio climático de manera más agresiva y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, estos países tendrán acceso a asistencia técnica y asesoramiento, incluso del sector privado. Esto ayudará a los encargados de formular políticas a identificar las estrategias de acción rápida más efectivas para edificios, transporte y electrodomésticos.

Además, surgió una coalición de enfriamiento sostenible durante el sofocante verano del norte de este año. Los gobiernos se comprometen a desarrollar planes nacionales que tengan como objetivo garantizar el acceso a la refrigeración para todos, incluidos aquellos con bajos ingresos y los más vulnerables, de una manera hipereficiente y libre de supercontaminantes.

Eestudiantes en huelga global contra el cambio climático
Centenares de miles de estudiantes lanzan una huelga global contra el cambio climático. Foto: Efe

Otra prioridad es unir a los inversionistas y los proyectos de energía limpia de manera más efectiva. A través de la asistencia para el desarrollo y la financiación climática, los países ricos tienen fondos dedicados desde hace mucho tiempo para apoyar tales proyectos en las economías en desarrollo. Pero el gran número y la complejidad de estas instalaciones pueden evitar que se utilicen.

Los operadores de proyectos y los funcionarios del gobierno se quejan de que las finanzas no fluyen, mientras que los inversionistas tienen dificultades para identificar proyectos adecuados. Una plataforma de inversión limpia debería ayudar a resolver estos problemas.

La energía renovable supera cada vez más al carbón, pero se necesita desesperadamente la capacidad de almacenamiento para que las energías renovables se conviertan rápidamente en una parte confiable de los sistemas energéticos de los países en desarrollo. Es alentador que socios públicos y privados se unan para ampliar el almacenamiento de la batería, especialmente en África.

La forma como los sectores industrial y de transporte consuman energía en la próxima década será fundamental para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Muchas industrias están desarrollando planes más ambiciosos para mitigar el cambio climático. Además, la revolución de los vehículos eléctricos debe extenderse al transporte de mercancías, la aviación y el transporte marítimo.

Un hecho positivo es la mayor colaboración en toda la cadena de valor de envío, que dará vida a los acuerdos tan disputados alcanzados en la Organización Marítima Internacional. Con países como Dinamarca a la cabeza, el trabajo se centra en el desarrollo de los buques de cero emisiones que deben estar en el corazón de una economía global neutra en carbono.

Muchos fabricantes y propietarios de barcos, compañías de combustible, puertos y compañías multinacionales han adoptado objetivos de reducción de emisiones con base científica. Y actualmente se están realizando esfuerzos para establecer un marco global para la financiación responsable de los buques en virtud de los Principios de Poseidón.

El gurú de la gestión Tom Peters ha dicho que “los líderes no crean seguidores, crean más líderes”. Si el mundo quiere cumplir sus objetivos climáticos, necesita urgentemente modelos más inspiradores. El 23 de septiembre, en Nueva York, descubriremos quiénes son.

RACHEL KYTE*
© Project Syndicate

* Rachel Kyte es Directora Ejecutiva y representante especial del Secretario General de la ONU en Energía Sostenible para Todos. Fue Vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial.

Peor de lo que se creía

Un centenar de científicos, colaboradores del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) francés, alertaron de que el calentamiento global en el año 2100 será peor de lo que preveían estudios anteriores, con un aumento de la temperatura global de 6,5 a 7 grados centígrados para ese año.

Tan solo uno de los escenarios socioeconómicos, el de un panorama de cooperación internacional que dé prioridad al desarrollo sostenible, lograría cumplir con los objetivos de que el calentamiento se limite a 2 grados para esa fecha.

EFE

Tomado de El Tiempo