Tomado de Portafolio

Que no tengamos un triunfo pírrico, donde el ganador no pueda responder a las expectativas de cambio.

Colombia entra en la recta final de la campaña presidencial, en un panorama internacional dominado por la guerra entre Rusia y Ucrania, con implicaciones e incertidumbres; cuarentenas por covid-19 en China y, al mismo tiempo, aperturas en el resto del mundo. Nacionalmente, con reactivación económica, pero con el deber de disminuir los indicadores de pobreza que son inaceptablemente altos y con una polarización política cada vez más irresponsable.

Recientes encuestas ratifican que habrá segunda vuelta. La tendencia es a tener dos candidaturas totalmente divergentes, donde lo preocupante es que seguimos quedándonos en los señalamientos personales, más que en las propuestas programáticas viables.

En los últimos días se han acentuado las protestas sociales infundadas y extemporáneas, al igual que los hechos violentos, producto, entre otros, de la extradición de Otoniel, mostrando cómo el narcotráfico ha consolidado su poder en zonas donde a través de cultivos, laboratorios, rutas y amenazas tratan de perpetuarse, infundiendo miedo en las familias y constriñendo al electorado. La democracia es un bien supremo que afianza nuestra libertad. No tiene presentación que muchas personas desinformadas sean utilizadas en manifestaciones públicas, vandalizando la infraestructura que es de todos, igualmente son utilizadas en una lucha de clases improductiva, estigmatizando al empresariado sin argumentos reales, más aún cuando los hechos demuestran que han sido motor de la economía para consolidar la reactivación y propender por el bienestar general.

Hay que tener mucho cuidado con el proceso electoral, algunos están logrando hacer creer a la ciudadanía que habrá fraude, asunto grave que puede derivar en asonadas para desconocer a quien resulte ganador e implicaría perder otro gran baluarte de la democracia.

Aboquemos el cambio que demanda la ciudadanía con razón; generemos oportunidades a los jóvenes a partir de educación de calidad; diseñemos apoyos concretos para innovaciones y emprendimientos sin discriminación y, por supuesto, afiancemos un clima de confianza sin más odios. Si realmente queremos equidad, mayor empleo, inversión y desarrollo sostenible, debemos contar con seguridad jurídica y respeto a las instituciones a todo nivel.

¡Todos estamos haciendo algo mal en esta álgida contienda! Porque convencidos que solo nuestras propuestas son las válidas, sin reconocer nada del otro, aparece el odio, la descalificación y la sed de venganza. Hay que construir escenarios donde podamos concretar acuerdos en temas como las necesarias reformas pensional, laboral, de salud, justicia y tributaria, entre otras. Si no queremos otra nueva frustración escuchémonos realmente para poder avanzar y responder a las necesidades de nuestra sociedad. Ya no hay espacio para más improvisaciones y polarización que solo nos dejarán mayor desilusión, empobrecimiento y desesperanza.

Los invito a todos a reflexionar antes y después de la contienda, para que no tengamos otro triunfo pírrico, donde el ganador no pueda responder a las expectativas de cambio por estar inmerso en una sociedad totalmente dividida.

Camilo Sánchez Ortega
​Presidente de Andesco.