Tomado de Portafolio

Será clave que haya respeto y confianza por los resultados y exigir que no aparezca el síndrome del mal perdedor que invite a desobediencia civil.

Una vez más Colombia ha demostrado su talante democrático, de los más antiguos y consolidados del hemisferio, con una participación de más de 17,5 millones de personas que, en su gran mayoría en paz y armonía, acudieron a las urnas para depositar su voto por los candidatos de sus preferencias.

Recordemos que ejercer un debido control político representa un pilar fundamental en los sistemas democráticos y conservar el equilibrio de poderes evita la toma de decisiones autoritarias en cualquiera de sus ramas.

El primer gran resultado fue la consolidación de un seguro democrático en el Congreso elegido, debido a que no hay una mayoría unipartidista. Se evidencia que un 70% del Senado converge en una manera similar de ver el desarrollo del país, con matices y obvios sentidos de cambio. Si se suman las 16 curules del partido Conservador; 15 del partido Liberal; 14 del Centro Democrático; 11 de Cambio Radical; 10 del Partido de la U; 4 de la Coalición Mira-Colombia Justa Libres y una fracción del Partido Verde, se ratifica nuestra afirmación. Esta proporción se mantiene en la Cámara de Representantes.

Por los guarismos, podemos pronosticar que habrá segunda vuelta. El pasado domingo hubo más de 17,5 millones de votos para Congreso y solo 12 millones de personas votaron en las consultas. El Pacto Histórico alcanzó 5.573.894 votos, quedando muy lejos de los más de 10 millones que se requerirían para ganar en primera vuelta, porque en estos comicios seguramente se superará la cifra de 20 millones de votos. Por supuesto, esto aplica igualmente para las demás candidaturas.

En el radar también están otros candidatos que marcan en las encuestas como Rodolfo Hernández o Ingrid Betancur, por mencionar algunos. También es probable que más aspirantes declinen su participación en la primera vuelta luego de analizar los resultados, como lo hizo Oscar Iván Zuluaga. Nuestra democracia ha hablado, con los resultados quedamos como en el refrán “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

El llamado es a tener un debate de propuestas posibles y constructivas sobre el país sin seguir cayendo en descalificaciones personales. Vienen momentos de grandes acuerdos programáticos, que se reafirmarán una vez conocidos los resultados de la primera vuelta, donde habrá necesariamente que alinearse, según la identidad ideológica.

Por ejemplo, es claro que empresarios, ciudadanos de diferentes clases sociales, pequeños propietarios, entre otros, que no quieran dar un salto al vacío y desean seguir construyendo sobre lo construido para cerrar brechas de inequidad y corrupción, se identificarán con el candidato que encarne esta postura; otros que quieren “el cambio por el cambio”, harán lo propio.

Será clave que haya respeto y confianza por los resultados y exigir que no aparezca el síndrome del mal perdedor que invite a una absurda desobediencia civil. El país es uno solo y es de todos ¡En nuestro voto está el futuro!

CAMILO SÁNCHEZ
Presidente de Andesco