Mantengamos la unidad de mando y no caigamos en los cantos de sirena de la desobediencia civil que pueden llevarnos al pánico económico y social, porque para esto no hay respirador que sirva.

Algunos personajes de la oposición política están viendo amenazado su espacio y cantidad de seguidores ante la buena labor del Gobierno y de la mayoría de los mandatarios locales de todas las vertientes partidistas, lo que los lleva a tener como única opción de defensa, propiciar acciones populistas, discursos incendiarios y propuestas sin piso jurídico y financiero, para enardecer una situación ‘per se‘ compleja y así poner en riesgo la democracia y estabilidad económica y social del país.

Con el pretexto de defender a los afectados por la pandemia, invitan a la desobediencia civil atacando desde sus bodegas informáticas en redes sociales para generar caos. Si pretendían unir al pueblo, lograron lo contrario. Basta observar que —gracias a la continua y sostenible prestación de los servicios públicos— se ha hecho más llevadero el aislamiento. ¿Qué hubiese pasado si no hubiéramos reconectado el agua a más de 300.000 familias (1.200.000 colombianos)? ¿O a los casi 100.000 hogares a los que se reconectó el servicio de energía y gas natural? ¿Qué opinarán estos opositores al respecto de que las empresas —a costo propio— llevaron a cabo la reconexión más importante e histórica para Colombia?

También destaco el diferimiento automático del pago hasta por 36 meses, según el servicio, a tasa cero para estratos 1 y 2; la eliminación del IVA a facturas de celulares de menos de $71.214 o los descuentos de hasta el 10 % por pago oportuno en energía y gas. Los trabajadores y operarios de las empresas de servicios públicos y telecomunicaciones no supieron qué fue el aislamiento y siguen trabajando por el bienestar de los hogares colombianos.

De seguro ha habido errores de facturación que se están solucionando y que corresponden a un porcentaje bajo de reclamaciones (50.000 solicitudes mensuales frente a un universo de 43 millones). De hecho, nos convertimos en ejemplo para Latinoamérica. ¿Qué hubiera sucedido con nuestras empresas, hijos y familias sin tener la conectividad de las TIC y TV? ¡Todo habría colapsado!

Hoy la queja es contra los servicios públicos, mañana contra el pago de arriendos, de créditos o de comida. Fácil decirlo, pero… ¿de dónde saldrán recursos para hacer sostenibles estas propuestas? ¿Quién generará empleo para la reactivación económica? ¿Vamos a multiplicar por 10 los males y copiar el modelo fallido del país vecino?

Las propuestas surgen con la única finalidad del interés electoral. No les angustia el coronavirus, sino el miedo al anonimato, a su ausencia de resultados, a perder vigencia en la memoria de los colombianos. Hoy, la falta de solidaridad es la mejor manera de irse al olvido y a ellos les está sucediendo. No caeremos en la trampa de convertirlos en mártires por sus propuestas absurdas, pero sí deberán responder por los daños que ocasionen a la generación de empleo y al sector productivo colombiano.

Del coronavirus nos protegemos con tapabocas, lavado de manos y distancia social. ¿Cómo nos cuidamos ahora del peligro de las propuestas populistas? Diciéndoles no a los bomberos pirómanos. Hoy nuestra lucha deberá ser contra el cansancio, el miedo y la desesperación por los últimos anuncios. Mantengamos la unidad de mando y no caigamos en los cantos de sirena de la desobediencia civil que pueden llevarnos al pánico económico y social, porque para esto no hay respirador que sirva.

Tomado de Semana