Se amplió el plazo de la cuarentena obligatoria,  decisión difícil tomada por el Presidente, la cual respaldamos, así como la diaria información clara y oportuna a la ciudadanía que él está dando. Mientras no haya vacuna o medicamentos efectivos, el aislamiento y distanciamiento social son la mejor estrategia preventiva para evitar el contagio. Se busca aplanar la curva de atención de casos para que el sistema de salud no colapse y se logren salvar muchas vidas, objetivo central y ético de cualquier sociedad. De hecho, hoy más que nunca está vigente que “En los momentos de crisis, surgen las personas creativas que buscan soluciones y los negativos que solo buscan culpables”.

 

El grado de informalidad de muchas actividades económicas en el país, con cifras superiores al 50%, genera mucha preocupación porque hay poca capacidad de ahorro. Igual pasa con los empresarios colombianos, sobre todo en el segmento de las MiPyme. El Gobierno Nacional ha previsto, y lo seguirá haciendo, medidas de alivio para la atención necesaria y justa a la población vulnerable e instrumentos de apoyo financiero para mejorar el flujo de caja del sector productivo que lo requiera para proteger el mayor número de empleos.

 

Surge el dilema de si la cuarentena debe continuar después de  finales de abril tal como está o ir flexibilizandose para ciertas actividades. La decisión debe tomarse a partir de estudios epidemiológicos inmediatos y de la evidencia científica, con un mayor número de pruebas de verificación a la población, para identificar los casos asintomáticos y tomar las medidas particulares de aislamiento. En otras palabras, hay que tener el equilibrio entre la atención de salud vital y el desarrollo económico. Colombia está logrando este equilibrio a través de un esquema de solidaridad, donde todos ponen, gobiernos nacional y territorial, empresarios y ciudadanía, cumpliendo cada cual con su compromiso.

 

Es por esto que el aislamiento inteligente propuesto debe llevarse a cabo escogiendo sectores que tengan el mayor impacto en la reactivación económica, tales como los de infraestructura, desarrollo de proyectos de servicios públicos, vivienda, transporte o los que el Gobierno estime, siempre y cuando se cumplan con rigurosos protocolos de seguridad y salubridad para evitar el contagio, acompañados por supuesto de una mayor cultura ciudadana. Igualmente, compartimos que se tenga que continuar el aislamiento riguroso de los mayores de 70 años y los estudiantes en todos los ciclos de formación. Como podemos observar, el tiempo es el mejor aliado y el más temible enemigo.

 

En este momento es indispensable pasar de los decretos a la implementación rápida de los mismos, reconociendo el enorme esfuerzo hecho. Los giros para el sector salud y el sector productivo, así como en servicios públicos para cubrir la cuenta de los subsidios a los estratos bajos, deben ser continuos y oportunos, para así salvar vidas y garantizar la recuperación económica luego de la pandemia.

 

Recordemos que una empresa es parte de una cadena más amplia. Si falla el eslabón de la cadena de proveedores, aparece sistémicamente un riesgo para todos. Esto es particularmente vital en el sector de servicios públicos para seguir garantizando su prestación eficiente y continua.

 

Finalmente, no sobra recordar a Churchill cuando dijo “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”.

Camilo Sánchez Ortega

Presidente de ANDESCO