En un trabajo articulado entre la CAR, la alcaldía y el acueducto, en Madrid se inauguró la última planta de tratamiento de aguas residuales, dándole cumplimiento a la sentencia del Río Bogotá.

Aunque parece que los avances sobre el río Bogotá son pocos y que seguir apostando a su recuperación puede ser solo una pérdida de tiempo y recursos, hay municipios que se la están jugando toda para descontaminarlo y devolverle la vida.

Pese a que el río Bogotá es el afluente más importante de la zona, su relación con sus habitantes sigue siendo paradójica. Para la gente, parece mucho más una cloaca en la que viajan los desechos de casi 10 millones de habitantes y en la que se siguen vertiendo desperdicios, que un sistema hídrico fundamental. Por eso su descontaminación ha sido tema de conversación desde hace más de siete décadas y, tras la sentencia del Consejo de Estado en 2014, dirigentes, entidades del Estado, municipios y ministerios se han visto obligados a tomar medidas.

En Madrid (Cundinamarca) se han puesto en la titánica tarea de sanear y recuperar el río Subachoque, uno de los principales afluentes del Bogotá. Hacerlo no ha sido fácil, pues el municipio es una de las zonas de crecimiento cercanas a la capital más importantes. “En Madrid, esa ha sido una situación sin precedentes. Mientras en 2016 la administración recibió 80.000 habitantes, en 2019, cuando cerramos el período, entregamos 120.000 habitantes. Crecimos casi 40.000 habitantes en cuatro años”, señala Gladys Gaitán, quien estuvo en la gerencia de la Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Madrid (Eaaam) hasta el pasado 31 de diciembre.

“Cuando llegamos nos encontramos con un panorama muy difícil, el retraso que teníamos en servicios públicos era abismal. Estábamos manejando una ciudad en crecimiento con la infraestructura de un pueblito y con una expectativa de aumento de la sabana de occidente muy grande”, asegura Víctor Hugo Londoño, jefe de planeación de la Eaaam. Así se integró el proyecto de construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) Madrid 1 —que se inauguró oficialmente el pasado 28 de diciembre, tras cinco meses de funcionamiento, y convirtió al municipio en uno de los primeros en cumplirle al río Bogotá— al Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, con el que se espera dejar el saneamiento básico del agua resuelto por los próximos 25 años.

“Nos sentimos orgullosos porque pocas ciudades y municipios del territorio nacional han alcanzado el tratamiento del 100 % de las aguas residuales que se producen. Y nosotros somos uno de esos”, celebra la exgerente de la Eaaam. Cerca de la mitad de las aguas residuales del municipio llegan a la nueva PTAR y la cantidad restante se trata en las plantas Madrid II y Zaragoza, que no cuentan con la misma tecnología, pero ya están en proceso de optimización. “No hay un solo litro de agua de Madrid que sea devuelto al río sin tratar, y nos convertimos en uno de los primeros municipios del departamento que le está dando cumplimiento a la resolución 631 de 2015 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible”, añade Milton Hómez, director de las plantas de tratamiento del Acueducto. Como Madrid hay otros 46 municipios que están obligados a mejorar la calidad del agua que vierten a la cuenca del río Bogotá. Tocancipá, Mosquera y Bojacá también han hecho avances.

Como la PTAR Madrid 1 hay pocas en el país. Con la técnica de lodos por aireación extendida, tiene la capacidad de tratar en promedio 142 litros de agua por segundo a lo largo de un proceso de varias etapas en las que se retiran desde los sólidos del agua proveniente de baños, lavaplatos, duchas, etc., hasta microorganismos y patógenos, antes de devolverla al río Subachoque. El resultado es un agua clase IV, es decir, que podría ser utilizada en actividades agropecuarias.

El embolate de la reutilización del agua

Aunque los directivos del Acueducto de Madrid aseguran que el agua que regresan al río podría reutilizarse en otros sectores, como el agrícola, la normativa colombiana no lo permite. “Por eso, en el marco de la sentencia, una de las propuestas que hicimos fue que el agua se pudiera reusar”, afirma Gaitán. “Se ha hecho una inversión y un trabajo muy grande, y da pesar poner esa agua otra vez en un río que está contaminado”, complementa Londoño.

 

La Corporación Autónoma Regional (CAR), que ha trabajado de la mano de los municipios para facilitar recursos que promuevan la construcción de plantas residuales en la cuenca del río y que aportó 31.200 de los $35.000 millones que costó la construcción de la PTAR Madrid 1, asegura tener conocimiento de la problemática. “La CAR ya expuso esas preocupaciones, porque el Minambiente sacó la norma de reúso, pero la sacó de manera limitada. Exigió que solamente las aguas que fueran tomadas en concesión pudieran optar por un uso posterior, el resto —como la proveniente del acueducto— no, limitando su reutilización. Esas normas fueron expedidas por el Ministerio en su capacidad reglamentaria y nosotros no tenemos capacidad de maniobra. En nuestro rigor subsidiario solamente las podríamos hacer más rigurosas, pero en ningún momento más laxas”, explica el director jurídico de la CAR, Camilo Ferrer. Ante este panorama, la Corporación asegura haberle expuesto la problemática a la magistrada Nelly Villamizar, encargada de la protección del río Bogotá, para estudiar la actualización de la normativa.

Los retos que vienen

De ahora en adelante, uno de los principales retos del municipio será mantener la PTAR funcionando. La Alcaldía entrante tendrá que encargarse de la implementación de la nueva tarifa, con la que se espera que la planta de tratamiento sea sostenible. “Para que las plantas de tratamiento puedan ser eficientes y permanecer en el tiempo tienen que sostenerse, sí o sí, vía tarifa. Yo, como responsable de contaminación en mi hogar, tengo que colaborar con la tarifa para hacer sostenible la duración en el tiempo de la maquinaria”, explica Aníbal Acosta, director del Fondo para las Inversiones Medioambientales del Río Bogotá, de la CAR.

Ingenieros, administrativos, planeadores y autoridades ambientales coinciden en algo: para lograr cambios en el recurso hídrico tiene que impulsarse una visión regional. El río no diferencia divisiones geográficas o cuencas alta, media y baja, por lo que es necesario que se trabaje de manera conjunta a lo largo de todo el afluente para alcanzar soluciones definitivas. “Sin embargo, este es el principio y hay que verlo como tal. En la medida en que cada municipio empiece a cumplir, vamos a terminar saneando un río”, señala Gaitán. “La sentencia es, finalmente, una cadena de cumplimientos que necesita que todos participemos de manera armónica. Cada acción está articulada con otra y es necesario que todos vayan cumpliendo para que los demás puedan cumplir también”, aseguran desde la CAR.

Lo cierto es que en Madrid, gracias a la descontaminación del afluente, especies como el pez capitán y la tinigua se han vuelto a ver, así como algunas aves migratorias y avifauna propia del río que llevaba años sin aparecer. “Ahí uno se da cuenta de que valen la pena los esfuerzos, el costo, la apropiación la comunidad. Ver a esas aves cerca de la planta lo paga todo. Pienso que esta es una de las mejores cosas que hemos podido hacer en el municipio”, concluye Gaitán.

Daniela Quintero Díaz

El Espectador